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Tema de Reflexión

Naturaleza de la Adoración Nocturna:

Escuela práctica de oración para aprender a amar como razón de vivir

ENERO, 2019

En 1889 en el T.XXI de La Lámpara del Santuario, Don Luis de Trelles, nuestro primer fundador, dos años antes de su muerte les escribía a los adoradores nocturnos estas enjundiosas palabras: “He aquí, mis amados consocios, a qué nos llama la Vela nocturna; …somos llamados a la adoración, a la oración, a la reparación de las divinas ofensas, en la audiencia privada que nos otorga el amor de Dios Sacramentado la noche que hacemos nuestra vigilia. “( LS 1889, T.XXI pág 24)

He de confesaros que la lectura de los escritos de Don Luis me ha ayudado a descubrir que la Adoración nocturna no es otra cosa que una ocasión u oportunidad que se me da para entrar en intimidad con un Dios que sabemos nos ama; a descubrir la maravilla de un Dios, tan cercano, que se ha quedado en el Sacramento eucarístico para aliviarme porque estoy cansado y agobiado, como Jesús mismo nos prometió: "Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré" (Mt 11, 28). No son palabras de cortesía. Probadlo y lo experimentaréis.

Claro que es una cuestión inherente a nuestra fe. Pero mi cauce ha venido de la Mano de Don Luis de Trelles. Ahora me he convertido en un adorador que no deja de proclamar que la Adoración Nocturna Española tiene que volver, si no en la forma, quizás, sí en el espíritu, a recuperar los fines fundacionales.

La Adoración Nocturna no nació para ser una institución clerical. Fue una propuesta de laicos que, en medio del ámbito de sus responsabilidades civiles, sociales, familiares y políticas, por el don bautismal, se retiraba en la noche para adorar al Santísimo Sacramento, robustecer sus fuerzas y poder seguir en el ajetreo cotidiano, en la brega de cada día.

No debe parecer nunca una institución de gente “piadosita” que huye de la ciudad para cobijarse en la penumbra de los templos.Aquí no hay tregua. La ciudad de Dios ha de surgir en medio de la ciudad terrena. Permitidme la licencia de decirlo en un lenguaje fuerte: las adoradoras y los adoradores nocturnos ni “beatos” ni “meapilas”. Somos seglares que sabemos que un mundo mejor es posible. ¿Acaso por los méritos nuestros? No, No y No. Por la fuerza que viene del Señor.La Adoración Nocturna tiene como fin, mediante la oración, la implantación de “la civilización del amor”.

La Adoración Nocturna Española sólo tiene una tarea: LA ADORACIÓN. ¿Pero qué es adorar sino adorar, orar con más veneración, como el adamar de San Juan de la Cruz es más que amar? La adoración nocturna es una escuela de oración, en la que se aprende a orar para mejor amar. Orando una noche al mes, año tras año, para orar todos los días de la vida.

Me diréis: eso es tarea de todos los bautizados y de todos los creyentes.Y tenéis razón. San Ignacio de Loyola lo consideraba principio y fundamento no solo para creyentes, sino para todos los seres humanos. ¿Lo recordáis?

"El hombre es criado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor y, mediante esto, salvar su ánima; y las otras cosas sobre la haz de la tierra son criadas para el hombre, y para que le ayuden en la prosecución del fin para que es criado. De donde se sigue, que el hombre tanto ha de usar dellas, quanto le ayudan para su fin, y tanto debe quitarse dellas, quanto para ello le impiden. Por lo cual es menester hacernos indiferentes a todas las cosas criadas, en todo lo que es concedido a la libertad de nuestro libre albedrío, y no le está prohibido; en tal manera, que no queramos de nuestra parte más salud que enfermedad, riqueza que pobreza, honor que deshonor, vida larga que corta, y por consiguiente en todo lo demás; solamente deseando y eligiendo lo que más nos conduce para el fin que somos criados.”

La Iglesia lo enseña en la doctrina y lo vive en la liturgia, en la oración y en las innumerables obras con que manifiesta el mandato de la caridad. Pero además la Iglesia cumple su función en los mil carismas que se han ido manifestando en el tiempo, en las órdenes contemplativas, en las atentas a la caridad o en las mixtas como las Hijas de la Madre Teresa de Calcuta. El Espíritu Santo vivifica la vida de la Iglesia. Es admirable la diversidad y la unidad.

Y fue el Espíritu Santo, precisamente en el siglo XIX, en el siglo de las revoluciones que han cambiado la faz del occidente y de la cristiandad, quien inspiró, en España a un laico, para difundir una humilde institución que enseñara a los seglares, hombres y mujeres, que el camino de salvación viene de la oración; que el único remedio para superar la tempestad contra la Iglesia, vendría de la mano de La Adoración Eucarística y de La protección maternal de la Santísima Virgen. La Adoración en todas sus manifestaciones es un instrumento providencial, siempre bajo el amparo de María, para el triunfo total de la Iglesia.

Con Santa Teresa, Don Luis de Trelles repetía, “no es una cuestión de saber, sino de amar” . Repito el párrafo con que he iniciado el escrito: “He aquí, mis amados consocios, a qué nos llama la Vela nocturna; …somos llamados a la adoración, a la oración, a la reparación de las divinas ofensas, en la audiencia privada que nos otorga el amor de Dios Sacramentado la noche que hacemos nuestra vigilia. “( LS 1889, T.XXI pág 24) Sería un error considerar que la celebración de la eucaristía, el rezo del santo rosario, la liturgia de las horas, o el tiempo dedicado a la contemplación en silencio, son cuatro variedades distintas entre sí por la forma y por el fin. Son sin duda los cuatro modos que la Iglesia emplea para entrar en contacto con el Señor. Una oración vocal que no brotara del corazón y no fuera consciente de lo que dice ni a quien se lo dice, sería runruneo vocal, pero no oración. Las cuatro formas, cuya cúspide es la Eucaristía, son encuentros de amistad con quien sabemos nos ama, reces los salmos, el santo rosario, contemples en silencio o adores al Señor sintiéndote partícipe en el sacrificio y en el sacramento de la Cruz.

¿Quieres ser adorador? Entra dentro de ti, ponte en presencia de Dios, y con el ritmo del manual, declárale tus amores al Señor y escucha cómo te corresponde. En la noche de tu turno también Él te dice: “Yo también te amo”.

Preguntas básicas

– ¿Es la oración el medio propio de un adorador para acercarse a la presencia de Dios?

– ¿Será suficiente para orar mover los labios o será lo verdaderamente humano saber con quién hablamos y entender lo que decimos para que arda en amores agradecidos nuestro corazón?

– Muchos son los enemigos que nos impiden entrar en la oración. ¿Sabes que es requisito previo para orar el silencio interior y exterior, dejar las preocupaciones y afanes a la puerta de la iglesia y centrar nuestra mente y nuestro corazón en El Señor, en su presencia real, en que te está esperando con los brazos abiertos? No te desanimes. Sosiega una y otra vez “la loca de la casa” la imaginación y con paciencia repítete: Mi Señor está aquí.

 

FEBRERO, 2019

Es la oración el camino de un adorador. No otro es su ejercicio ni su fin. Es nuestra vocación específica: adorar al Señor mediante la oración. Nuestro maestro y guía ha de ser el Venerable Don Luis de Trelles. No tengáis recelos.

Dejémoslo claro desde el principio: Dos son los maestros que enseñaron a Don Luis de Trelles la naturaleza y el modo de la oración: en San Ignacio de Loyola, en sus ejercicios espirituales, aprende como elementos básicos: el principio y fundamento de la primera semana, el llamamiento del rey temporal, las dos banderas y los tres binarios de la segunda semana, el esquema de la meditación y el tratado de la IV semana: contemplación para alcanzar amor, indispensable para cualquier tipo de oración.

Todo lo demás de Don Luis es teresiano.

“Dos pilares sustentan sus concepciones antropológicas: 1º, el hombre posee un alma capaz de Dios, además de un cuerpo, y 2º, el hombre ha recibido, como inmenso y misterioso don, la capacidad de comunicarse con la divinidad que habita en su interior.

Santa Teresa de Jesús recibe una gracia además que supera todos los hallazgos anteriores de interiorización, mediante la inmersión en el misterio trascendente de Dios, dentro de la estirpe agustiniana. Don Luis sigue los pasos de Teresa. Y no cesa de recordárnoslo: no viváis hacia afuera, a la altura de los sentidos y en busca de sensaciones. La aventura de Teresa señala una dirección opuesta: hacia adentro, porque tenemos alma –repetía con gracia a sus hijas– “no estamos huecas por dentro” y Dios habita en su interior.

Tienen ambos una experiencia central: Sin el encuentro con Jesús realmente presente bajo las especies del pan y el vino, ni Teresa hubiera sido Teresa de Jesús ni Don Luis el apasionado enamorado apóstol de la Eucaristía. El descubrimiento del Santísimo Sacramento se convirtió en el fundamento de su vida espiritual y en el motor de sus actividades apostólicas.” No es otra cosa ser un Adorador.

Don Luís eligió como símbolo de un adorador la lamparilla encendida del santuario. En ella veía que con su diminuta luz le recordaba al mundo que Dios está presente en el templo y que impregnada en el aceite de la gracia su humilde pábilo consumía su existencia encendida de amores. La noche de vela quería que fuera desarrollando los distintos tipos de oración: alabanza, súplica, acción de gracias y reparación. A lo largo del año iremos profundizando en las variedades de la oración. Sus más preciosas aportaciones las encuentro en la intencionalidad práctica de la Adoración. Las resumo en tres metáforas: atalaya, cuerpo de guardia, audiencia privada. En esta perspectiva quiso que la Adoración nocturna fuera un torreón o una atalaya para imprecar por la salvación de España. Una sala de guardia en la que se tuvieran presentes todos los incidentes de la ciudad, desde la parturienta al moribundo; y una audiencia privada en la que se aprendiese a pagar con amor el amor que el Señor nos daba.

Pero volvamos a Santa Teresa, Maestra De Oración. Sus obras más elaboradas son: Camino De Perfección y Las Moradas o Castillo Interior. Dos obras claves para aprender a amar a Dios por medio de la oración– En realidad forman parte de su Vida, son la biografía espiritual de la Santa. Sin olvidar nunca que la única razón de todo –vida, reforma, fundaciones y escritos– es cantar las maravillas de un Dios que quiere vecindad e intimidad con los hombres.

Todas las obras de la Santa incluyen capítulos dedicados a la Oración. Recordamos que los capítulos 11 a 23 de “El Libro de la Vida” constituyen un tratado abreviado, para enseñar a sus hijas su camino de Oración. En estos capítulos explica los cuatro modos de oración mediante la imagen de cuatro modalidades de riego en las huertas (1. Riego acarreando el agua con cubos desde un pozo. 2. Riego trasegándola con una noria. 3. Riego con canales desde una acequia. 4. Riego con la lluvia que viene del cielo). Y en él nos ofrece la definición más difundida de oración y que una y otra vez repito: “que no es otra cosa oración mental, a mi parecer, sino tratar de amistad estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama” (Vida 8,5).Lo mismo sucede con el Libro de las Fundaciones.

Pero cuidado. No se trata de una tabla de gimnasia o de una dieta para adelgazar. Dios lleva a cada uno por el camino que le conviene más. El protagonista de toda oración es Dios.Y nuestro papel es ponernos en su presencia y abandonarnos en sus manos. Lo mismo reces un padrenuestro, una avemaría, entones un salmo, te unas al “Por Cristo con él y en Él, a Ti Dios Padre omnipotente,… todo honor y toda gloria” o ensimismado mires en silencio a la Hostia Santa.

Me vais a permitir que os traiga un fragmento en el que habla la santa del cielo. Una vez más, ejemplo de su realismo y del don de discernimiento. Para mí lo tengo como una joya. Es una invitación a todas sus hijas para entrar en oración, y que por lógica se hace extensiva para cualquier creyente y de manera muy especial, para ti, adorador.

Dice la Santa: “2. Ya sabéis que Dios está en todas partes. Pues claro está que adonde está el rey, allí dicen está la corte. En fin, que adonde está Dios, es el cielo. Sin duda lo podéis creer que adonde está Su Majestad está toda la gloria. Pues mirad que dice San Agustín que le buscaba en muchas partes y que le vino a hallar dentro de sí mismo. ¿Pensáis que importa poco para un alma derramada entender esta verdad y ver que no ha menester para hablar con su Padre Eterno ir al cielo, ni para regalarse con El, ni ha menester hablar a voces? Por paso –silenciosamente– que hable, está tan cerca que nos oirá. Ni ha menester alas para ir a buscarle , sino ponerse en soledad –Tacere– y mirarle dentro de sí y no extrañarse de tan buen huésped; sino con gran humildad hablarle como a padre, pedirle como a padre, contarle sus trabajos, pedirle remedio para ellos, entendiendo que no es digna de ser su hija.”

Preguntas básicas

–A Don Luis le enseñaron a ser discípulo aventajado de la oración San Ignacio y Santa Teresa. Pero ¿Dónde aprendió Don Luis a ser maestro de la oración? ¿Conociendo de memoria los textos de sus maestros o poniéndose, día a día y noche tras noche de rodillas ante Jesús Sacramentado?

– ¿Sabías que “que no es otra cosa oración mental, a mi parecer, sino tratar de amistad estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama”? Adorador, esta es tu tarea: reces el avemaría, un salmo, inclines la cabeza en la consagración, o estés en silencio ante la Hostia Santísima. Escríbelo con letras grandes en tu alma.

– ¿Sabes que Jesús Sacramentado, aunque nos llega desde fuera por la vista, nos entra dentro, donde habita Dios y es aquí, en tu interior donde tiene lugar el encuentro?Abres los ojos y por la fe lo ves fuera en el Pan Sagrado. Miras dentro de ti, con los ojos cerrados y está tan realmente presente que con el oído del alma lo podemos oír. ¿Nos atrevemos a decirle “habla Señor, que tu siervo escucha”.